La llegada de un cachorro a casa es una etapa emocionante, divertida… y también llena de dudas. Todo es nuevo para él: el entorno, los sonidos, las rutinas y las personas con las que va a convivir. Por eso, los primeros meses son fundamentales para sentar unas buenas bases que os ayuden a disfrutar juntos durante muchos años.
Empezar bien no significa hacerlo todo perfecto. Significa acompañarlo con calma, entender sus necesidades y enseñarle poco a poco cómo funciona su nuevo mundo.
Cambiar de entorno puede generar inseguridad. Durante los primeros días evita saturarlo con visitas, excesos de estímulos o demasiadas normas de golpe.
Los perros aprenden muy bien cuando existe cierta previsibilidad.
Esto le ayuda a sentirse más seguro.
La socialización no es “que conozca todo en un día”. Es aprender a relacionarse con personas, perros, ruidos, superficies y situaciones de forma positiva.
No hace falta esperar meses para enseñar.
Siempre desde el juego y el refuerzo positivo.
Un cachorro muerde, se distrae, hace pis donde no toca y se equivoca constantemente. Es normal.
No necesita perfección. Necesita guía.